9 de marzo de 2015

Todos los días son 8 de marzo

Para hablar de lo que significa el 8 de marzo, debemos remontarnos primero al origen de esta fecha. Existen varias interpretaciones de por qué conmemoramos este día a todas las mujeres trabajadoras -es decir, a todas las mujeres. A pesar de que la teoría más generalizada marca el inicio de esta celebración como conmemoración de la muerte de más de cien trabajadoras en la fábrica textil Triangle Shirtwaist (Nueva York, Marzo de 1911), varias huelgas de trabajadoras del sector textil marcaron el inicio de este Día de la Mujer. En los años posteriores, esta fecha se extendió por más lugares y otros hitos, como la demanda de pan y paz de las mujeres rusas en 1917, se añadieron a la historia de esta festividad.

Más allá de estos hechos, infinitos y continuos momentos podrían recogerse en esta reflexión sobre el papel de las mujeres en el desarrollo de la historia. Un papel que ha sido y sigue siendo OLVIDADO, IGNORADO Y MENOSPRECIADO DE MANERA SISTEMÁTICA. Un rol importante y necesario en la vida cotidiana y en la evolución de nuestras sociedades, aunque se nos haya ocultado premeditadamente. Porque muchas mujeres han sido y aún son esa sombra que está detrás de un cambio, de una derrota, al quedarse en un segundo plano porque la sociedad penaliza e impide que sean las líderes.

Hoy, según los medios oficiales, es el Día de la Mujer Trabajadora. Pero, ¿no somos todas trabajadoras? Desde las que tienen contrato hasta las que no. Desde la mujer que trabaja en casa a la que tiene un empleo remunerado. Todas, trabajamos, y muchas tenemos la doble jornada laboral: no salimos del trabajo, porque cuando llegamos a casa empezamos otro. Desde Rise Up queremos visualizar esta realidad: los trabajos de los cuidados, la limpieza, y ese largo etcétera al que llamamos "tareas" del hogar y que históricamente se ha asumido que somos nosotras, las mujeres, las que tenemos que desempeñarlo y que por tanto, nadie más debe encargarse y no debemos reclamar unas condiciones laborales dignas. "¿Por qué quieres cobrar/tener contrato/ser respetada en tu puesto de trabajo sí estás haciendo lo que tienes que hacer? Esto ha funcionado así durante siglos." Esta situación no es más que consecuencia del NINGUNEO Y DESPRECIO con el que el SISTEMA PATRIARCAL Y SUS CÓMPLICES ha tratado a todo lo producido por las mujeres. Nos han relegado a ser una mano de obra precaria en su sistema, a que la percepción social de los trabajos que realizamos tenga menos relevancia que el de los hombres. Pretenden limitar nuestra emancipación personal haciéndonos competir en un sistema laboral marcado por las dinámicas patriarcales que separan el trabajo laboral del trabajo en el hogar, OLVIDANDO QUE LO PERSONAL ES POLÍTICO. 

El cambio no reside en olvidar la existencia y necesidad de los cuidados, de lo doméstico, consiste en construir un mundo laboral EQUITATIVO y que trate y valore ambas esferas de la vida POR IGUAL. Sólo así lograremos AUTORREALIZARNOS COMO PERSONAS, todas y todos. Mientras que lo doméstico siga siendo un asunto "femenino", mientras que los hombres "ayuden" en casa y con las niñas/os, o ni siquiera lo hagan, no lograremos romper esta inercia, no lograremos crear un sistema que no nos agreda y no nos limite, que no nos relegue a un espacio social secundario, donde los puestos de responsabilidad no estén copados por hombres a pesar de que nosotras tenemos más estudios, donde no se nos obligue a trabajar en jornadas parciales, donde la brecha salarial no sólo no aumente, sino que desaparezca, y unas mayores tasas de desempleo femenino dejen de ser un elemento intrínseco al sistema.

Por eso, queremos hacer una DOBLE DENUNCIA. Denunciamos las condiciones cada vez más precarias del trabajo, de un mundo laboral de estrés, de horas y horas trabajando, de inseguridad y de competitividad que nos impone y al que nos somete este sistema patriarcal-capitalista en el que estamos inmersas. Por otro lado, denunciamos la desigualdad entre el mundo de lo doméstico y lo público, tanto en la percepción social, como en la diferencia de las condiciones laborales.

No queremos ensanchar un mercado de trabajo dominado por el “sálvese quien pueda”, por el egoísmo, por el sometimiento. Queremos un trabajo que dignifique a las personas, sin discriminar según su sexo y que cada una o uno de nosotros tenga la capacidad de desarrollarse como persona, sin las limitaciones por prejuicios sociales que existen. Puede haber ingenieras, astronautas y chefs, y puede haber profesores, enfermeros y limpiadores.




Unidas contra el patriarcado,

Colectivo Rise Up

24 de febrero de 2015

Asamblea Miércoles 25 12:00h Edificio 15


Como siempre, sin preguntar, como si fuéramos máquinas, como si no sangrásemos cuando nos pinchan, han implantado el decreto 3+2. El decreto que nos divide entre los que harán solo 3 y los que puedan hacer 3+2. El precio de un máster es una inversión colosal por sí sola, más aún si se dice "prestigioso". Pues ahora será el doble de caro y el doble de importante. Ahora un máster en el currículo marcará la diferencia entre ser contratado en cargos con alta proyección o ser precarizado. Se acaban las posibilidades de buscar un futuro mejor desde el momento en que nuestro presupuesto no puede asumir nuestras metas. La universidad y, aun más, la educación, no es pública si su acceso no es público, y si la gente normal ni siquiera puede pagarse una educación digna, no podemos hablar de educación pública sino de élites y de precarios, y realmente no deseamos esas divisiones.

Pero esta vez, aunque no hayan contado con nosotr@s, podemos ser decisivos. El contexto de las elecciones a rector y la capacidad decisiva de este, pues es el rector quien decide los planes de estudio, abre la brecha. Haciendo presión incluimos este tema como una necesidad, como un punto ineludible. La unión nos hace fuertes, somos incontestables y esta vez necesitamos estar unid@s.

La asamblea del miércoles planteará la celebración de un referéndum sobre el 3+2, planteará decidir los actos y reivindicaciones que podemos llevar a cabo. Esta vez nos toca decidir.

Por ello, desde Rise Up queremos, más que invitarte a pasarte, advertirte de que de la unión que podemos formar decidirá el futuro de nuestras vidas, de nuestros currículos, del modelo de sociedad en el que vivimos. El miércoles 25, a las 12:00h, en el hall del edificio quince, nos necesitamos para decidir qué queremos. Acude, decide y lucha.

17 de febrero de 2015

¿Medias naranjas? ¡Somos naranjas enteras! (Comunicado Completo)

¿A qué nos referimos cuando hablamos de “amor romántico”? Creemos que el amor tal y como está actualmente construido, hace sufrir a las personas, tiende a separarlas emocionalmente, aunque formalmente las considera un “todo” dependiente: es un reflejo de individualismo y violencia. Proponemos un cuestionamiento de este amor romántico, para intentar repensar nuevas formas de querer, donde podamos ser más libres, más iguales y más felices.
El amor que no queremos se muestra como una dominación sobre la vida de las personas. En primer lugar, y reflejo del capitalismo más atroz, se basa en el individualismo como condición de base, en la propiedad como forma de establecer lazos entre personas. El famoso “tú eres mía” y viceversa, construye una cápsula que contiene a dos personas que se consideran una totalidad apartada del resto del mundo: se trata de un deseo ambicioso de poseer al objeto amado.
Esta forma de sometimiento que es el amor romántico se consolida gracias a la violencia cotidiana, física y psicológica. ¿Cotidiana? ¿Quién no ha escuchado canciones, anuncios publicitarios, visto películas o leído libros sobre las “medias naranjas”? Nos pasa más a menudo de lo que somos conscientes, pues no es sino el vehículo de transmisión de la ideología dominante.  ¿Cómo ocurre esto?
Se nos presenta el amor como una conquista, una batalla que hemos de librar entre otras y otros contrincantes, en lugar de plantearse como una construcción mutua entre personas. Se trata de sobresalir por encima del resto, (de nuevo el individualismo del que hablábamos), superando no importa qué obstáculos, para quedar vencedoras. En este proceso se dañan y se pierden multiplicidad de personas y de experiencias. Además, al ser una conquista tan dura, parece que deba preservarse cueste lo que cueste, se pase sobre quien se pase, se sufra lo que se sufra. Esto nos hace ser dependientes de una relación que tanto nos costó construir. Reafirmar la media naranja no es otra cosa que negar nuestra autonomía y nuestras propias capacidades, haciéndolas depender de la otra o el otro. Esto favorece enormemente abusos y chantaje emocional, como la voluntad de totalidad que señalábamos más arriba: reflejado mediante frases como “sin ti no soy nada”, “lo eres todo para mí”, etc,, la concepción de pareja como unidad y totalidad expresa que, por un lado, no existe autonomía, y por el otro, se coacciona a la otra persona. La vocación de totalidad olvida que estamos rodeadas de personas y afectos en nuestras vidas, y presenta la ausencia del ser amado como la “auténtica soledad”.
Pero, como el logro debe mantenerse, (pues si el amor romántico establece que solo una persona nos puede amar, y el sobresalir entre el resto para conquistar el corazón ajeno fue costoso), si este amor nos es negado, quedamos vacías. Estamos ante un escenario especialmente propenso a emociones de desgracia, depresión y abuso por el lado contrario. Sufrir por amor lleva a menudo al maltrato. No estamos diciendo que no queramos preservar nuestras relaciones, si estas son solidarias. Pero el problema es que el amor romántico baña las relaciones en una concepción de la mencionada frase “tú eres mía”, es posesivo e individualista. De hecho, la conquista, la separación…todo ello está impregnado de mutua destrucción y es plenamente insano. Pero asumiendo que esta “debe ser” la forma de amar, interiorizamos los estereotipos y roles de género que se esperan de nosotras: sufridoras, pacientes, celosas, y un sinfín más. Peor aún, construimos utopías y fantasías emocionales sobre cómo es una “verdadera historia de amor” (donde “fueron felices y comieron perdices”), y puesto que aquella no se corresponde con la realidad mundana, sufrimos. Pero sufrir por amor nos parece de lo más normal, pues tenemos que mantener el tesoro. Así, nos esconden el contenido absolutamente patriarcal de frases como “los que se pelean se desean” o “quien bien te quiere te hará llorar”, donde se legitima hasta sus últimas consecuencias el maltrato: ¿quién no ha oído por televisión que el asesinato de aquella mujer por su marido fue un “crimen pasional”?
Aún así, este constructo utópico de felicidad es solo para dos, ¡qué más darán el resto! Por eso, no solo se trata de cuestionar la manera de amar, como venimos haciendo, sino también de deconstruir el límite de expresión del amor. La metáfora de la media naranja, las historias de príncipes y princesas no son sino el reflejo del único marco que parece legítimo para el amor: la pareja. La socialización que recibimos acerca de este tema no es otra que el amor (romántico) proyectado hacia una persona, y no más (dividiendo el mundo en dualidades, al más puro estilo del capitalista ¡divide y vecerás!). Y es que, si como decíamos antes, el romanticismo impuesto es tan violentamente intenso (o intensamente violento, más bien), parece que ello solo puede existir hacia una sola persona. Es indivisible: si creemos que empezamos a tener sentimientos fuertes hacia otra, teniendo ya pareja, los intentamos borrar, los canalizamos como “amistad” (degradando el amor fraterno a un segundo plano), creamos jerarquías de personas en nuestras vidas. De nuevo, el individualismo vuelve a imponerse ante la solidaridad colectiva.
Proponer el poliamor como alternativa no significa imponer el poliamor, es decir, no se trata de que este sustituya a la pareja como forma única de amar, sino de que sea una opción legítima. Por otro lado, tampoco implica que se debiliten los lazos amorosos por tener más de una relación. No se trata de “querer hacer lo que nos dé la gana”, despreocupándonos del resto del mundo, de los sentimientos que otras y otros puedan tener. La atención hacia esos vínculos sigue siendo esencial, así como el cariño, la reciprocidad, el intento por comprender a las demás y sus emociones. Pero no limitamos el marco del amor. Es una situación donde tengamos tiempo para todas, para conocernos profundamente, para descubrir, para sentir, para amar libres e iguales. Y sí, necesitamos tiempo, pues recordemos que ese sistema capitalista que nos impone consumir y comprar desenfrenadamente por San Valentín y otros 364 días, nos obliga a producir precaria y violentamente ese mismo número de días, robándonos el tiempo de amor solidario en pro de unos intereses que no son los nuestros.
Para entender todo esto con profundidad debemos saber que no se trata de un tema personal. Por ello rechazamos el individualismo que nos aparta de la solidaridad colectiva. Debemos comprender que se trata de un orden de cosas sistematizado y perpetuado económica, política y culturalmente día a día: que seas infeliz en tu relación personal, que estés harta aguantar humillaciones, de sufrir y sentirte infravalorada, no es algo personal. Ni tuyo ni de tu pareja. El imaginario que nos enseñan y que perpetuamos es un imaginario insano y violento. Y es colectivo. De manera que colectivamente, debemos repensar qué prácticas y mitos nos imponen un amor doloroso, patriarcal-capitalista y, en definitiva, opresor.

Quizá uno de los primeros pensamientos que hayas podido tener cuando has observado nuestra crítica al “amor romántico” es que qué aburridas y frías somos. Esperamos que hayas comprobado que, por el contrario, buscamos un amor sano, no otro que nos dice que querer implica sufrir y que nos encierra en lugar de liberarnos?
Rechazar los mitos del amor romántico implica que no queremos príncipes ni princesas, sino que queremos un amor solidario para todas y todos.

                                                                                                                         

13 de febrero de 2015

Medias naranjas? ¡Somos naranjas enteras!

¿A qué nos referimos cuando hablamos de “amor romántico”?Creemos que el amor tal y como está actualmente construido, hace sufrir a las personas, tiende a separarlas emocionalmente, aunque formalmente las considera un “todo” dependiente: es un reflejo de individualismo y violencia. Proponemos un cuestionamiento de este amor romántico, para intentar repensar nuevas formas de querer, donde podamos ser más libres, más iguales y más felices.  
El amor que no queremos se muestra como una dominación sobre la vida de las personas. En 
primer lugar, y reflejo del capitalismo más atroz, se basa en el individualismo como condición 
de base, en la propiedad como forma de establecer lazos entre personas. El famoso “tú eres 
mía”, así como otras frases reflejan un deseo ambicioso de poseer al objeto amado. 
Se nos presenta el amor como una conquista, en lugar de plantearse como una construcción 
mutua entre personas. Al ser una conquista tan dura, parece que deba preservarse cueste lo 
que cueste, se pase sobrequien se pase, se sufra lo que se sufra. Reafirmar la media naranja 
no es otra cosa que negar nuestra autonomía y nuestras propias capacidades, haciéndolas 
depender de la otra o el otro. Esto favorece enormemente abusos y chantaje emocional.
Estamos ante un escenario especialmente propenso a emociones de desgracia, depresión y 
abuso por el lado contrario. Sufrir por amor lleva a menudo al maltrato. Ell amor romántico baña 
las relaciones de una concepción posesiva e individualista. Asumiendo que esta “debe ser” la 
forma de amar, interiorizamos los estereotipos y roles de género que se esperan de nosotras: 
sufridoras, pacientes, celosas, y un sinfín más. 
Peor aún, construimos utopías y fantasías emocionales sobre cómo es una “verdadera historia de amor” (donde “fueron felices y comieron perdices”), y puesto que aquella no se corresponde 
con la realidad mundana, sufrimos. Pero sufrir por amor nos parece de lo más normal. 
Aún así constructo utópico de felicidad es solo para dos, ¡qué más darán el resto! Por eso, 
tratamos también de deconstruir el límite de expresión del amor. Proponer el poliamor como 
alternativa no significa imponer el poliamor, es decir, no se trata de que este sustituya a la 
pareja como forma única de amar, sino de que sea una opción legítima. Por otro lado, tampoco 
implica que se debiliten los lazos amorosos por tener más de una relación. No se trata de 
despreocuparnos del resto del mundo, de los sentimientos que otras y otros puedan tener. La 
atención hacia esos vínculos sigue siendo esencial, así como el cariño, la reciprocidad, el 
intento por comprender a las demás y sus emociones. 
Para entender todo esto con profundidad debemos saber que no se trata de un tema personal. 
Debemos comprender que se trata de un orden de cosas sistematizado y perpetuado 
económica, política y culturalmente día a día: que seas infeliz en tu relación personal, que estés 
harta aguantar humillaciones, de sufrir y sentirte infravalorada, no es algo personal. Ni tuyo ni 
de tu pareja. El imaginario que nos enseñan y que perpetuamos es un imaginario insano y 
violento. Y es colectivo. De manera que colectivamente, debemos repensar qué prácticas y 
mitos nos imponen un amor doloroso, patriarcal-capitalista y, en definitiva, opresor. 
Quizá uno de los primeros pensamientos que hayas podido tener cuando has observado 
nuestra crítica al “amor romántico” es que qué aburridas y frías somos. Esperamos que hayas 
comprobado que, por el contrario, buscamos un amor sano, no otro que nos dice que querer 
implica sufrir y que nos encierra en lugar de liberarnos? . Rechazar los mitos del amor 
romántico implica que no queremos príncipes ni princesas, sino que queremos un amor 
solidario para todas y todos.

7 de febrero de 2015

Recuperar nuestra ciudad: presentación de “No es ciudad para jóvenes” en la uc3m

Las ciudades no son neutrales. No hace falta que nadie venga a convencernos, lo entendemos bien cuando pagamos más por un transporte público que pasa menos, al ver cómo los edificios y espacios de nuestra ciudad se distribuyen con fines especulativos y no sociales, al ver limitado el ocio en general en función del dinero, al temer multas injustas...Y en fin, vemos que nuestra ciudad no es neutral cuando comprobamos que los espacios en los que desarrollamos nuestra vida están condicionados por las prácticas de corruptos y especuladores. Partiendo de todas estas cuestiones que vivimos cada día, las compañeras de Juventud Sin Futuro presentarán el proyecto “No es ciudad para jóvenes”, con la idea de construir canales que organicen la rabia, la respuesta y las propuestas de quienes vivimos en esta ciudad. Y quién mejor para plantearlo que JSF, un colectivo que lleva en las calles tres años, tratando de dar voz a los problemas que sufrimos la gente normal desde que empezó esta crisis.

No se trata de esperar pasivamente a que nos resuelva la vida la oferta política que nos haga el partido de turno, tampoco a que todos sepamos perfectamente lo que hacer. Se trata de una conversación, de construir en común, porque podemos ir a aprender cómo es y cómo cambia una ciudad y porque es necesario que el diálogo recoja también el aporte de quien jamás pensó en eso y no se ata a pensamientos previos. O de quien tiene una idea y quiere llevarla al debate público. Además, una herramienta como ésta permite transmitir un mensaje, nuestro mensaje, a las candidaturas de unidad popular que se plantean asaltar las instituciones para ponerlas al servicio de la gente en la región de Madrid. La mejor manera de que puedan conseguirlo es transmitiéndoles con fuerza las demandas y propuestas que tenemos nosotras y nosotros.

Por ello el próximo jueves 12 de febrero, a las 12:30 en el aula 9.2.3 del Campus de Ciencias Sociales, tendrá lugar la presentación en la universidad de la campaña de Juventud Sin Futuro. Te esperamos allí, porque a todas nos interesa tener canales que amplifiquen nuestras demandas.

Las alternativas, como las ciudades, las construimos entre todas y todos. Porque somos quienes las vivimos y quienes las conocemos ¡Nunca más nuestras ciudades sin sus gentes!



18 de diciembre de 2014

Crónicas de una revolución no convocada II

II: Ser libre

Dos veces tengo que ser libre de las muy poquitas veces que soy. Supongo que tengo que serlo por la gran popularidad de la que goza la libertad. Tantos llenándose la boca con ella, algo tendrá. Esa intuición vuelve, y pienso que es hora de que yo me haga libre también.

Hay libertad, primero, en uno mismo. O al menos ahí es donde primero hay que pelearla. Existe, efectivamente, una pelea por su existencia. Numerosos filósofos, en un momento de diversión y superioridad intelectual, se han sentido muy reconfortados diciendo que la libertad no existe. Y dicen que no hay tal libertad, que solo actuamos decidiendo aquello que las circunstancias nos encaminan a elegir. No he elegido estudiar periodismo, es solo que no había otro camino posible. Numerosos estudios hablan ya de que aquello de la libertad es un cuento. Dicen que diez segundos antes de que te decidas a hacer algo, tu cerebro ya ha elegido por ti, dejando la palabra libertad relegada a la categoría de las palabras leyenda, palabras falsas, para niños y crédulos. El cerebro, según, ya no forma parte de nosotros mismo, es nuestro carcelero invisible que por caridad o cinismo nos hace creer al mando. Qué poco respeto tiene la ciencia por nada, ni siquiera por preservar nuestros mitos, sino por no destruir nuestros faros. Sin libertad, tiene poco sentido incluso hacer un estudio sobre su inexistencia. Sin libertad, quizá solo seamos máquinas simpáticas hechas de un material suave. Hay también quien dice que estamos condenados a ser libres. Que quien elige obedecer a su jefe, a su dictador, a su líder o a su padre es el único responsable de su obediencia. La libertad, se dice, es lo único que nos diferencia de los animales, condenados a obedecer al instinto. No me parece menos idiota.

Pienso en mi perrita, que no deja de mirarnos, y puedo imaginar perfectamente en su cabeza la frase "caray, son mecánicos estos humanos". Mas no, resulta que somos inteligentes y que además tenemos sentimientos, estamos a años luz del resto de animales. Apenas nos ha condicionado nunca nada del exterior. Claro, cuando se empieza a desconfiar de esta clase de cosas, nos aventuramos al lado contrario, al de que si esto no es verdad, nada debe de serlo. Y así yo también llegué a pensar que quizá solo respondíamos a estímulos, que solo hacíamos lo que era previsible hacer. Así es la mayor parte del tiempo. Luego creí que solo podía ser libre si hacia lo contrario a lo que un estímulo invitaba. Pero qué terrible, no podría contar eso a nadie, pues si lo sabían el estímulo sería de ser libre, y, por tanto, inútil. Al final entendí que la libertad reside en las decisiones entre cosas por las que no deseas decidir. Si, en un caso de vida o muerte, solo pudieras salvar la vida a uno de tus padres, podríamos olvidar esas chorradas de que el cerebro decide por ti. Si tienes que elegir entre unos amigos u otros y obviamente no quieres renunciar a ninguno. Si tienes que elegir entre el donut de azúcar o el de chocolate y te gustan los dos. Son pocas, sí, pero existen veces en las que tenemos que ser libres mientras no nos acobardemos y dejemos la decisión al cara o cruz. Que tu cerebro intervenga no quiere decir que lo que hasta ahora has llamado voluntad haya desaparecido, ni que tu cerebro no sea parte de ti. Una vez discutida la libertad individual hay que pelear la otra, y hay que pelearla con todos los demás.


No obedecer. No cambiar del rey malo al rey bueno, sino no tener ninguno.No tener ni presidente regular ni jefe respetuoso. Ser libre es no tener ninguno de esos. Los ciudadanos libres no tienen que aceptar tener un presidente, o un rey, tienen que permitirlo. Y es que nuestro problema no es una nueva época precaria, ni un gobierno autoritario, nuestro problema es la obediencia. Yo no tengo por qué aceptar sin más la voluntad de aquellos cuyo poder nace de mi obediencia. Ser libre no quiere decir oponerse a todo, ni tampoco no permitir a nadie que te dirija, quiere decir dirigir al dirigente y decidir hasta cuándo lo es.

Ser libre no es decidir todo, como el color del cielo o la muerte de otros seres, es elegir todo lo que te corresponde. Tampoco es saber mucho, ni olvidarlo todo. El conocimiento es una guía para que los que son libres sean prósperos, pero no una condición. Cuantas más elecciones llevamos a cabo, más sabemos cuáles debemos omitir, menos tonterías elegimos. Ser dueño de tu tiempo. Ser dueño de lo que haces con él, no dárselo a ningún jefe  y no hacerlo depender de nada. Si el producto de tu trabajo no depende del dinero que puedas sacar de él, si no depende de la aprobación de un superior, si no depende más que de tu voluntad de hacerlo, es el trabajo de un hombre o mujer libre. El que tiene que ganar dinero para mantener una familia, como el que lo tiene que ganar para mantener unos lujos, no puede vincular trabajo y voluntad, por lo que no puede ser lo mismo. Los hombres y las mujeres libres hacen un trabajo diez veces mejor, diez veces más fuertes y diez veces más dedicado. Y más importante, solo ellos pueden ser felices, estando orgullosos de su trabajo, el de alguien que es libre.

Se me ha llenado el teclado de libertad, y quizá sea esto algo malo, repetir a la ligera palabras tan grandes. Claro que otras definiciones vendrán y no serán mejores o peores que la mía, no podrían. Es esta intuición común a todos los humanos de que la libertad es algo importante. Es lo que me hace pensar que, por si acaso, procure ser libre.